¿Trabajar, para qué?

 

 

 

trabajar para qué

“Haz sin apego el trabajo que tienes que hacer, pues el hombre que hace su trabajo sin apego alcanza en verdad la meta suprema” Baghavad Gita.

“Aprender consiste en añadir día a día algo a lo que uno posee. La práctica del Tao consiste en sustraer día a día, sustraer y volver a sustraer hasta que se ha alcanzado la inactividad” Lao-Tsé.

Me gustaría estar lo suficientemente ocioso como para alcanzar a comprender estas dos citas en todo su sentido. Y sin embargo, las leo y releo con el placer engañoso de abandonar mis quehaceres sin que por ello me clave sus dientes la conciencia. ¿La conciencia de qué? Al menos me han servido para hacer una parada y escribir esta reflexión desde la pausa.

Los cuchillos del alba se abren paso entre la espesura de la noche y el cielo empieza a abrirse preñado de nubes. Hay un silencio que apenas rompe una musiquilla mágica de La Nuba garnatí de Tlemecén (Argelia), música de Al-Andalus que en 1994, en el patio de los Arrayanes de la Alhambra, celebraron este concierto.

Nada del otro mundo, o casi todo de éste en que vivimos. Cualquier cosa vale para retirarte a lo más profundo de tu ser, aún  a pesar del cansancio de los días, aún a pesar del desvelo de las noches. Y, desde ese cansancio vulgar, que cantaría Silvio Rodríguez, uno se plantea la necesidad de pararse, tranquilamente, sacudirse el polvo de los zapatos y mirar con ojos nuevos el nuevo día que sin dolor pare la noche y del que, con estruendo metálico, nos avisan cada día los despertadores.

Cansancio vulgar nada más, apegos que reclaman responsabilidad, el orgullo del deber cumplido… ¿De veras es necesario trabajar tanto? ¿Para qué?  Quizás tengamos que trabajar sin apego que es como trabajar para la necesidad básica de la subsistencia. Para eso poco necesitamos, la verdad. Y, aunque a veces  nos resulte desesperante la situación laboral, tanto porque no se encuentra como porque se tiene en demasía, no hay que olvidar las palabras tibetanas de que “no hay situaciones desesperadas; sólo hay hombres que se desesperan en determinadas situaciones”.  Yo me he desesperado, debo confesarlo. Y hoy, en estos momentos, bajo la música mágica de la orquesta andalusí, cuando el día empieza a desperezarse y yo ya llevo varias horas de trabajo a mis espaldas, prometo hacer propósito de enmienda y dejar aparcado el trabajo cuando de verdad necesite inactividad para lograr escuchar al alma.

 

Isidoro Irroca

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s