POEMAS

confesion

CONFESIÓN

Perseguí la vida

en las noches solitarias

de frío acero,

en las calles mordidas

por perros abandonados

y en los jardines ocultos

de los sueños…

Y la vida pasaba,

cada día y a la misma hora,

por los mismos caminos y senderos,

por idénticos trayectos de aciertos

y fracasos,

de comidillas, copas y silencios.

Entonces

hubiera querido perderme

entre los filos de los cuchillos,

arder en el fuego de las farolas

o volar en el viento de las hojas.

Luego aprendí que,

en cada hombre,

se escribe un libro

con tinta de barro y ceniza

y que todos andamos

el camino

del pan y el sudor

con tropiezos y tino.

Hace falta cerrar los ojos

y sentir,

escuchar cómo aúllan

los lobos de las entrañas,

el eco de la voz eterna e infinita,

es necesario desatar

las lágrimas,

que busquen su cauce

y su océano,

para sentir que la vida

se aprende paso a paso

y que, en los ojos,

se esconde siempre

la profunda marca de su huella.

Llego a vosotros

abierto en canal,

y no sangro.

Solo el aliento cálido

de las palabras

que extraigo,

como se saca agua

de un pozo,

siempre el misterio

es el que queda

en el fondo.

Y sigo mi camino,

sin mirar atrás,

sin atender las voces

que me reclaman

o me animan,

sabiendo que lo que perdí

es lo que ahora tengo,

sabiendo que lo que gané,

es lo que ahora siento.

Isidoro Irroca

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