Para la Libertad

para la libertad

Si el ambicioso es un esclavo de lo que espera; el hombre libre es el que nada espera (Edward Young).

            Y el que nada espera nunca llega a la desesperación. Todo, sin duda, es un aprendizaje. Y ser libre, como el hecho de amar, también es un arte. Un arte que pasa por diferentes procesos y en los que debes ir desprendiéndote de todo aquello que te sujeta, que te crea adicción o te cierra las puertas de la aventura indelegable de ser uno mismo. La proeza no es fácil, ni siquiera el intento resulta agradable, todo pasa por un continuo renunciar a tentadoras comodidades, a falsos sueños, a expectativas de buscar inexorablemente el triunfo cuando, en definitiva, la prosperidad, como afirma Diderot, descubre los vicios y, por contra, la adversidad saca a relucir las virtudes. Un hombre libre es, sin duda alguna, un hombre virtuoso.  “El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar tan sólo se preocupa de la comodidad” (Lao-Tsé). Seguimos andando por la misma vertiente, por el mismo camino de renuncia y de compromiso. No hay nada más preciado que sentirse libre, auténticamente libre. Desde la libertad se ama sin miedo, se mira sin miedo al porvenir y sin miedo, en los ojos, brilla la luz del hombre que vive según sus adentros.

Isidoro Irroca.

Reflexiones.