Nunca llegando

horizontes blancos

Vine de los horizontes blancos

 del sur y del silencio,

de la tierra preñada de sementera

y de los olivos solemnes

como oraciones.

Vine, también, del oleaje

dorado del trigo

y del beso quebrado del agua.

Luego,

vine de otros tantos lugares,

y aún sigo viniendo.

Y siempre viniendo

y nunca llegando.

 

Vine de las calles pobladas

de hombres y edificios,

de luces hirientes y

estrellas muertas,

de nubes negras y del mar

traicionado.

Y siempre viniendo

y nunca llegando.

 

 Vine del hombre aplastado

y hostil,

del amor imposible,

de los sueños inacabados

y de la oscura noche.

Y siempre viniendo

y nunca llegando.

 

Vine maldecido, afortunado,

distinto, tan parecido,

loco en mi locura, cuerdo,

encontrado, naufragado…

Y siempre viniendo

 y nunca llegando.

 

 Vengo de estos versos

 que hoy derramo

y de los que no escribo

y callo.

Y siempre viniendo

y nunca llegando.

 

Isidoro Irroca

Poemas

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