Mi voz

mi voz poema

Mi voz ya no tiembla

al viento,

se escapa

entre las rendijas

de las piedras,

mi canto, mi súplica

y oración

a un dios de soledad

eterna.

 

El orden de mis pasos

se complica,

mis ojos turbios

del polvo y el camino,

mi andar cansado

como de ir

a ninguna parte.

 

Añoro ya

el fuego que me hizo,

la muerte

que me contempla,

el verso

que no escribo,

el alma

que despierta a su luz.

 

Sé que volver atrás

es no ir;

y me sumerjo

de nuevo

en el camino,

en el ritmo lento

de mis pasos.

Andar, andar

siempre andar

es destino,

dijo el poeta,

para sepultarme

sólo basta una huella,

en cualquier lugar

soy peregrino.

 

Isidoro Irroca