El soldado moribundo

el soldado moribundo

Gritó el dolor de su herida empapada

antes de que le venciera la noche

como si él, en su último reproche,

justificara la sangre y la espada.

 

Rezó en la orilla de la negra muerte

al dios que reivindican y traicionan

al que exterminan e incluso abandonan

a las injustas leyes de la suerte.

 

No sirvieron palabras o razones

que pudieran paliar el atroz miedo

de alejarse de la vida y su ruedo

con macabras figuras y visiones.

 

Abrieron las puertas del triste infierno

y cruzó sin retorno el lago Averno.

 

Isidoro Irroca

Sonetos Sociales

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