Diario desde las nubes (Cap. 5)

diario-desde-las-nubes-1

5

Llevo dos días verdaderamente endemoniados y no, precisamente, porque haya recibido tres visitas del diablo; ni porque Animator me haya martirizado contándome su vida a cada instante y, lo peor de todo, una vida distinta cada vez; ni siquiera porque el licor de arco iris, por un extraño misterio, haya desaparecido por completo; ni tan siquiera porque mi humilde nube se haya visto zarandeada por bajas presiones y frentes borrascosos. No, ha sido porque hay momentos en la vida en los que cualquier hombre flaquea, incluso si vive en las nubes.

Si mi decisión de estar en este lugar fue tomada de una manera casual e imprevista, (me encontraba escalando una montaña, mi obsesión, cuando me vi envuelto de un cúmulo de nubes bajas y me dejé arrastrar), ahora para mí constituye un verdadero estilo de vida. Así lo siento, y mi única preocupación es sacarle el mayor partido que pueda. Pero empiezo a sentirme agobiado por toda esta algarabía de almas en tránsito, por estos seres celestiales que me visitan con curiosidad divina, o demoníaca, pues ya tocan en mi nube cualquier infernal personaje con tal que le informe de los últimos acontecimientos de la tierra. Y son preguntas que apenas si yo puedo responder. No sé de finanzas, ni de poderes políticos, ni de asesinatos, ni de otros tantos motivos por los que aquellas almas en pena se consumen en los infiernos.

—En la tierra, cada vez más gente se muere de hambre.

Lo dije así, como una manera de resumir los acontecimientos más actuales. Pero a nadie le importó eso. Ellos querían saber a toda costa quiénes eran los que mejor vivían, los que más dinero tenían y los que más poder político ostentaban. Como vieran que no satisfacía su curiosidad se han ido enfadados y llamándome cualquier cosa.

—Debe ser un don nadie —dicen.

O, “¡vaya tonto que nos ha venido, ni siquiera sabe de cotizaciones en bolsa!”.

Tienen razón y no lo siento. Nunca necesité conocer esos temas y no es cuestión de que empiece a preocuparme en estos momentos por ello. Tampoco llega a molestarme, y eso que ya desayuné, pero no lo veo necesario.

El diablo también ha venido para proponerme dar una conferencia en la sala roja del infierno, la más importante, me aseguró.

—Pero si a mí me pone de los nervios hablar en público —le dije buscando una excusa para escabullirme.

—Si éste es un público de lo menos molesto, no se preocupe.

—¿Y de qué quiere que dé la conferencia? —pregunté intrigado.

—Muy fácil, sobre el Euro, la nueva moneda de la Comunidad Económica Europea. Es un tema que nos apasiona.

No sé si es la altura, la sensación de humedad continua, el silencio de la altitud o la soledad eterna, pero para mí que aquí están más de la mitad locos. No entiendo qué importancia debe tener el Euro para los moradores del infierno. De todos modos le dije que me diera un tiempo para pensarlo.

—No se me demore demasiado, el uno de enero está a la vuelta de la esquina.

El alma errante, Animator, llegó para redondearme el día.  Me contó entre jocoso y excitado que la noche anterior había  ido a asustar a su esposa.

—¿Y qué le hiciste? —le pregunté.

—Muy divertido –—me dijo—, me puse en el fondo de las escaleras gritando: soy un alma en pena, soy un alma en pena…

—Yo creo que lo que en realidad eres es un alma que da pena —lo pensé, pero no me atreví a decírselo. En cambio sí me interesé por saber si su mujer se había asustado mucho.

—Ni chispa —me contestó—, lo más gracioso es que me equivoqué de casa y cuando llevaba allí un buen rato diciendo lo del alma en pena, me doy cuenta que era la casa de mis vecinos. Menos mal que ellos sólo la habitan en verano, si no, menudo susto se hubieran llevado.

—Y sin necesidad.

—Eso, qué culpa iban a tener ellos.

Y por último, cuando intento cambiar las botellas de licor de lugar, por miedo a extraviarlas, me encuentro con el sitio.

Sin  lugar a dudas, hoy no ha sido uno de mis mejores días en las nubes.

 

Isidoro Irroca

Diario desde las nubes (Obra registrada)