Apegos y Necesidades

apegos y necesidades

“Un hombre puede estar en un trono y no sentir ningún apego; otro puede vestir harapos y tener muchos apegos”. (Vivekananda).

         Pero es tan difícil que ocurra lo segundo como lo primero. La excepción quiere siempre romper la regla aunque nos empeñemos en que la confirme. El poder crea más adicción que la miseria. No nos engañemos. Si dan a elegir, todos sabemos qué opción ganaría. Sólo nos serviría la cita para afirmar que cualquier apego nos hace más dependientes, incluso a aquéllos que, no teniendo nada, se aferran incluso a la esperanza de llegar a tenerlo.

        No es el tener, sino las necesidades creadas lo que nos limita en realidad. Sigue siendo verdad eso tan repetido de que no es más rico quien más tiene sino el que menos necesita. Esa verdad que se estrella hoy con un mundo donde crear necesidad es la prioridad fundamental de la economía y donde, si se logra escapar de ello, se alcanza más libertad y más felicidad. Esa riqueza que no se publicita ni se prodiga, de la que los vendedores de marcas huyen como de la quema, es la riqueza de muchas personas que saben vivir al margen de preocuparse por cosas que ellos han sabido no necesitar, aún a pesar de las campañas publicitarias y las famosas rebajas anuales. Y algo parecido ocurre con los apegos emocionales. Si cualquier necesidad termina convirtiéndose en un apego, uno termina convirtiéndose en esclavo de esa necesidad y, por lo tanto, sintiéndose terriblemente infeliz por miedo a perder lo conseguido.

        Se hace necesario un ejercicio básico de cambio de paradigma que nos ayude a prescindir de muchas de nuestras necesidades, por inútiles y superfluas, y nos asegure una reeducación sobre el concepto de desprendimiento y pérdida. Todo es puro cambio. Nada es para siempre. Debemos estar preparados para asumir la pérdida porque todo termina acabándose, incluso la propia vida.

Isidoro Irroca

Reflexiones.