El viejo reloj

el viejo reloj

El viejo reloj descolgaba sus horas con sonido de bronce roto. Nadie le echaba cuentas en la casa. Desde años atrás venía dando mal la hora y no coincidía, además, con el número de campanadas. Velaba por él, para que no se parara, el viejo Matías. Puntual, una vez en semana, ayudado de la manivela, le daba cuerda. Era un ritual que ejecutaba con mucha delicadeza y que pasaba inadvertido para el resto. Solo en alguna ocasión protestaban sobre la locura del reloj cuando reparaban en el desfase de sus horas. Pero nada de esto conseguía en verdad desalentar a Matías. Tampoco intentó nunca corregir sus desajustes. Son cosas de la edad, explicaba, también se está haciendo viejo. Y el reloj seguía así caminando por el tiempo, con sus sones huecos, desfasados, rotos, ajeno a la atención y a las miradas. Un día se paró definitivamente y nadie lo advirtió, nadie, hasta que el olor a muerte se hizo insoportable. 

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (Obra registrada)