El loco de la guerra

el loco de la guerra

Tenía un color en los ojos de tiempo gastado y de sueños rotos, una nube azul de perpetua ebriedad y una mirada a la que se asomaban, con descaro, los viejos fantasmas del pasado. Vagaba siempre por los mismos lugares hablando con las sombras, sonriendo a los perros y mirando al cielo con el orgullo vencido. Su locura llenaba la pequeña plaza donde, por las tardes, recogía algunas monedas bailando frente a la terraza de la cafetería. El loco de la guerra, como le llamaban, desapareció un buen día sin que volvieran a saber nunca más de él. Sobre el banco donde dormía encontraron su pequeño hato y en él descubrieron una carta cerrada, roída, que había escrito muchos años atrás, desde el propio frente de guerra, a una mujer que nunca llegó a recibirla. Cuando se la entregaron y la abrió no pudo reprimir las lágrimas y exclamar en voz alta:

—Sabía que no me había olvidado. Lo sabía.

 

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (Obra registrada)

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