Lo que quieras

lo que quieras 1

Puso la noche a sus pies. Le interrogó por su deseo más ansiado y ella lo miró con gesto de olvido. Volvió a insistirle, Lo que quieras. ¿Lo que quiera?, y él entendió su respuesta como un signo claro de incredulidad. Le repitió, Lo que quieras, por difícil que sea, lo tendrás esta noche. Simuló pensarlo. Él la miraba loco. Le pareció irresistible cuando se mordió suavemente el labio y arqueó la cabeza hacia un lado. ¿Lo has pensado? Ella asintió y le devolvió una mirada larga, de tiempo infinito. Jugaba. Él volvió deseoso a exigirle una respuesta y ella lo apartó ligeramente, con desdén estudiado. ¿Matarías?, A quien hiciera falta. Sonrió. Alargó su mano y lo atrajo hacia ella. Lo miró a los ojos tan cerca que los labios se juntaron. Entonces él sintió el frío del metal en su costado. No se resistió. Ella apretó sus labios contra los de él, sabiendo que se llevaba su último aliento.

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (Obra registrada)

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El loco de la guerra

el loco de la guerra

Tenía un color en los ojos de tiempo gastado y de sueños rotos, una nube azul de perpetua ebriedad y una mirada a la que se asomaban, con descaro, los viejos fantasmas del pasado. Vagaba siempre por los mismos lugares hablando con las sombras, sonriendo a los perros y mirando al cielo con el orgullo vencido. Su locura llenaba la pequeña plaza donde, por las tardes, recogía algunas monedas bailando frente a la terraza de la cafetería. El loco de la guerra, como le llamaban, desapareció un buen día sin que volvieran a saber nunca más de él. Sobre el banco donde dormía encontraron su pequeño hato y en él descubrieron una carta cerrada, roída, que había escrito muchos años atrás, desde el propio frente de guerra, a una mujer que nunca llegó a recibirla. Cuando se la entregaron y la abrió no pudo reprimir las lágrimas y exclamar en voz alta:

—Sabía que no me había olvidado. Lo sabía.

 

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (Obra registrada)