Los dos amigos

los dos amigos

Quizás pudo evitarlo, se reprochaba, mientras sostenía el arma homicida entre sus dedos. Lo conocía bien, lo había visto crecer entre humaredas veladas y güisquis de media noche. Incluso lo descubrió en los largos silencios de la madrugada y en los paseos de las tardes doradas de primavera. Y, después, decidió enfrentarlo a la vida cruel de una ciudad sin nombre. Pasearon juntos por las calles nocturnas del bulevar entre copas y conquistas, visitaron los oscuros prostíbulos del barrio chino y bajaron al subsuelo del crimen donde la vida se jugaba, a cada instante, a la ruleta rusa. Incluso se enamoraron de la misma mujer. Sentado ante la mesa, rompió a llorar y su llanto se hizo incontenible, sonoro, hasta el punto que lo escuchó su mujer y acudió a interesarse. Cuando le preguntó qué le pasaba, soltó la pluma de entre sus dedos y, sin llegar a mirarla siquiera, le contestó:

—Acabo de matar al protagonista de mi novela.

Isidoro Irroca

“Relatos en 160 palabras” (Obra registrada)

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