El pintor

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Golondro Alsacuellos era pintor de varias brochas y, aunque él sentía maternal preferencia por la gorda, le parecía muy limitado presentarse sólo por ésta.  Golondro Alsacuellos era hombre de palabra clara, tez oscura y pantalón blanco a la usanza de todos los pintores. Golondro Alsacuellos lloraba de alegría cuando un día le visitó su gran amigo Jacintillo Perdigones para anunciarle que la fachada de su casa, que Golondro había pintado tan lindamente, quedó finalista para el gran premio de pintura de brocha gorda que, como todos los años, se celebra en Rioseco del Portillo. Golondro no sólo lloró, sino que afirmó emocionado que su obra inédita, “gotelé herido sobre fondo blanco”, era la más viva representación vanguardista del último siglo. Pero no ganó. Lo hizo el hijo del alcalde, que era manco de nacimiento. Su obra, “la imposibilidad del ser”, fue la más votada. Aún hoy hay quien asegura que el concurso estuvo amañado. La envidia carece siempre de límites.

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (Obra registrada)

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