Filosofía de la miseria

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Lupe Siniestros, mujer desgraciada donde las haya, le parió la burra, la cerda y la coneja el mismo día en que se puso a parir ella. El marido atendió primero a la burra, luego a la cerda y por último a la coneja. Cuando se acordó de su mujer ésta ya llevaba varias horas metidita en cama después de que se hubiera ido la comadrona. Cuando apareció el marido en la habitación, Lupe, angustiada, le dijo:

—¡Ay Antón, que se nos murió el niño!

—No te preocupes por ello  —la consoló—, la burra ha dado un rucho precioso; la cerda, veinte cerditos y la coneja más conejos que pueda alimentar. Así que…

Lupe se sintió reconfortada, pero al cabo de los años aquel recuerdo se le envenenó por dentro. Antón cayó enfermo, yacía gangrenoso sobre un catre de colchón de paja. Murió al poco tiempo, solo, mientras Lupe daba de comer a la burra, los cerdos y los conejos.

 

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (obra registrada)

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