Veinticinco años

veinticinco años

Estaba dispuesto. A pesar de que le advirtieran que el proceso era doloroso, que los efectos secundarios y las secuelas perdurarían por el resto de su vida. Le valía la pena. Había encontrado a la mujer ideal y no quería perderla, la amaba por encima de todas las cosas, desde el mismo momento en que la conoció en aquella sala de conferencias. A ella no le importaba demasiado, pero para él se convirtió en una verdadera obsesión. No podía dejar de pensar en ello. “Es que son veinticinco años –se repetía, veinticinco años de diferencia de edad es mucho tiempo”. Agitado por este pensamiento se tomó de un trago el elixir de la juventud que le habían preparado. Cuando despertó, era veinticinco años más joven. A pesar del excesivo dolor que sentía, necesitaba compartirlo con ella. Quería verla. Como pudo llegó hasta su casa. Tocó a la puerta. Cuando abrió, era ella. Supo reconocerla. Solo que veinticinco años más vieja.

Isidoro Irroca

Relatos en 160 palabras (Obra registrada)

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